Un par de semanas atrás, uno de mis tíos maternos no se podía mantener despierto, por tanto no podía ponerse de pie ni comer. Luego de una internación corta en una clínica, volvió a casa reanimado, aunque su enfermedad (alzhéimer) ya se ha robado gran parte de su esencia.
A inicios de esta semana, luego de días en que ya casi no comía y de un día entero en que no lograba mantenerse despierta, a mi tía paterna la tuvimos que ver en una sección de emergencias que se llama "cuidados críticos" (o algo similar), porque la desahuciaron: la noticia de que quizá no pasaría la noche nos rompió. Al día siguiente ya se puso de pie, comió (poquito, pero comió), sonrió, preguntó por sus hijos en un ratito que salieron para almorzar… Ayer le dieron de alta y ya está en su casa.
Ayer operaron a otro de mis tíos paternos: extirparon de su carita una especie de lunar que, tras la biopsia, resultó ser algo maligno. "Con la edad me he vuelto más sensible", nos dijo a una de mis primas y a mí cuando nos contaba que estaba un poco asustado por esa y otra operación que tiene pendiente. Lograron sacar todo lo malo y también ya fue dado de alta.
El tiempo es muy cruel, pero hay que abrazarlo: cada día de vida de las personas a las que queremos es, sin duda alguna, un milagro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario