2022/09/21

Nos queremos vivas, pero nos matan

Nos queda rezar cuando salimos o cuando está afuera una hermana, una amiga. Nos queda pedir ayuda en redes sociales cuando una de nosotras desaparece, porque la burocracia nos mira con desprecio o con indiferencia nos dice que hagamos los trámites, pero que no aseguran nada. Nos queda vivir con angustia, rabia y miedo hasta que encuentren un cuerpo y nos digan que es ella. Nos queda cargar con el dolor a todos lados, exigiendo justicia entre lágrimas y gritos, siempre solas aunque acompañadas. Nos queda la impotencia de ver que la justicia no es justa, que la hermana, amiga, desconocida es un número que se suma a tantos otros en una perversa estadística. Nos queda saber que la gente sin alma se apodera del caso para usarlo como tarima política. Nos queda apretar los puños y el alma para no responder, porque ya no sabemos cómo, a los canallas que se burlan o nos atacan mientras "argumentan" que mostrar los senos es violento y que a ellos también los matan.

Nos queremos vivas, pero nos matan y el Estado (aka Gobierno: este, los anteriores, los que vendrán y la nefasta Asamblea) mira para otro lado o nos abraza si, y solo si, al frente hay una cámara.

Nos vemos en el espejo de las otras: estamos menospreciadas, ridiculizadas, insultadas, golpeadas, apuñaladas, violadas, ahorcadas, asfixiadas, arrastradas, mutiladas; nos lloramos y gritamos, pero nadie nos escucha, porque hay fútbol, porque correas y lassis, porque hay muchas desgracias y las nuestras ya están normalizadas. Nos acurrucamos en el regazo de esa amiga, de esa hermana, de esa desconocida que ya no está y le pedimos perdón por no haber adivinado, por no haber estado, por no saber cómo evitar que la próxima sea otra amiga, otra hermana.

2022/07/25

El 28 serán diez meses y nuestro primer cumpleaños sin ti, mamina

Estabas con el poncho beige tejido (no recuerdo si lo habías tejido tú, lo más probable es que sí), acompañada por mi Cotita y creyendo que era una falsa alarma, pero era un buen momento para despejar la duda porque igual tenías que asistir al control médico: te habían dicho que sería al rededor del 15 de agosto y apenas era la mañana del 28 de julio… Seguramente te dieron permiso en el trabajo para ir al médico, tal vez planeabas ir a las clases de la universidad en la tarde y, dependiendo de lo que te dijeran, empezar a preparar las cosas que deberías llevar al hospital y tener en casa para la vuelta: tan organizada siempre tú y yo ya empezaba a desorganizarte la vida. Mi papi estaba enfermo, lo habían hospitalizado por una infección, no sabía lo que estaba pasando, tampoco tú, pero pronto te lo dirían: no era una falsa alarma, había empezado la labor de parto.

Ahora estabas solita, aunque con otras mujeres (recuerdo a una, no sé cuántas más había), pero solita de familia: en el hospital del IESS no siempre le dan prioridad a las necesidades emocionales de los pacientes y de su gente querida (imagino que dirán que es por logística, y en parte creo que es así). En la sala helada en la que te dejaron mientras llegaba el momento, tú tenías tu ponchito (no habías llevado nada, ibas solo por un chequeo, quedarte no estaba en los planes), pero la señora de la cama vecina no estaba bien cubierta y tenía sed; no había ninguna enfermera, alguna de mal carácter aparecía cada mucho y la señora necesitaba ayuda. Imagino que tenías dolor y algo de miedo, era la primera vez para ti y no dejaban que mi Coti te acompañara, pero te levantaste, cobijaste bien a la señora y le ayudaste a beber algo: ella no se podía mover, tenía un embarazo de alto riesgo y también tenía miedo, como tú, imagino. Conversar con ella, ayudarla, tratar de calmar su temor dejando de lado el tuyo: qué resumen tan perfecto de lo que fue siempre tu vida.

Me tardé en llegar, te tuve esperándome todo el día en esa sala helada, alejada del cariño de los abuelitos y los tíos, sin saber si mi papi ya sabía. Como a las 22:00 (¿o 22:30?, siempre se me olvida y ahora ya no puedo preguntarte…) nací. Leona de signo, pero tu cachorra toda la vida. Ese 28 de julio fue el inicio para ambas: ya no estaba más en tu panza, pero pudimos vernos por primera vez, me acunaste en tus brazos por primera vez, enfrentaste el peor de los dolores por primera vez para que yo pudiera tener la bendición inmensa, unos meses después, de llamarte mamá como quien dice refugio, paz, seguridad, alegría, consuelo, ejemplo, amor de mi vida. Para ti empezó un aprendizaje (que nadie nace sabiendo cómo ser madre, dicen, y es cierto) que imagino a veces fue hermoso, pero que sé también fue muy difícil en ciertos momentos (perdón, ma, perdón por cada vez que lloraste por mí, por cada vez que rezaste por mí con dolor, miedo, enojo, angustia o impotencia: nunca me hablaste de eso, pero sé de mi torpeza, sé que no siempre fui la hija que merecías).

Ahora tengo todo enredado en mi cabeza, es que el tiempo de la pandemia lo deformó todo, pero creo que fue el último cumpleaños antes de la peste: yo quería festejar yéndome con ustedes a Cochasquí, ¿te acuerdas? (por aquello de la energía y tal, pero sobre todo porque desde hace varios años descubrí que es mi forma favorita de celebrar: saliendo de la ciudad con la gente que quiero, aunque sea un ratito), pero cuando quisimos subir en el auto no nos dejaron, había que parquear ahí y continuar a pie; que tú esperabas en el carro, dijiste, por supuesto nos negamos a ir sin ti, al final de cuentas el festejo era perfecto, estaba fuera de Quito, con ustedes, viendo un paisaje hermoso, respirando un aire distinto. En algún momento te disculpaste conmigo, dijiste que querías que hiciera lo que había planeado, pero que de verdad te dolían las rodillas: mamita, te dije y te digo, lo importante es estar con ustedes, ya habrá otro momento para ir a ese sitio, y si igual no se puede, iremos a otro. Y sí, tal vez un día vaya, porque ahora sé que tú irás conmigo: ya no hay dolor ni nada que te detenga.

El año pasado ya estabas malita: te costaba caminar, comer, hablar, pero salimos, y comiste todo, aunque despacito, te reíste de mis tonterías, caminamos un poquito de la mano, para que veas las flores del jardín del restaurante, luego regresamos a la casa y, también despacito, subiste las gradas. En ese momento sabía que el tiempo se acortaba, pero nunca imaginé que ya solo nos quedaban dos meses exactos para volver al hospital del IESS, a otra sala (no sé si también era helada, no lo recuerdo), a ver pasar con dolor el tiempo hasta que llegase el momento de las últimas veces: la última vez que te tomé la mano, la última vez que te hicimos "sánduche de mamita" (como todas las noches desde que fue necesario ayudarte a prepararte y preparar la cama para dormir), la última vez que te dije algo al oído (y no sé qué fue, no logro recordarlo), la última vez que vi tus ojitos abiertos (aunque decían que ya no me veías), pero también fue la última vez que sentiste que tu cuerpo no te respondía y que no te alcanzaba el aire, y eso un poco me alivia.

Por supuesto que daría todo por tener un abrazo tuyo el jueves, tu cumpleaños de mamá y mi cumpleaños de hija, pero no te merecías la crueldad de la agonía que se describe al hablar de tu enfermedad, así que me aferro con todo el amor que en mí sembraste a ese 26 de septiembre, cuando nos quedamos un rato solitas y me acosté junto a ti en la cama, extendiste tus brazos para abrazarme y, mientras me acurrucaba a tu lado, me dijiste "mi bebé", y yo te respondí: "sí, soy tu bebé, mamita".

2022/06/30

Dicho en quiteño: ya no jalo (y somos legión, lo sé)

Hoy te extrañé mucho, mamina. Siempre te extraño, cada día, pero hoy (ayer, en el lenguaje del reloj) un poquito más: Quito es un caos, Ecuador entero, pero como acá es el campo de batalla en todas las protestas (por aquello de la sede del gobierno y tal), pues nada, todo está mal en nuestra ciudad.

Por un lado me alivia que no estés pasando por esto (esos consuelos bobos que invento para que duela menos), porque imagino lo agobiada que estarías: tu San Antonio es el escenario de una guerra, el camino a Guayllabamba también, acá cerquita de nosotros, en la Occidental, ha habido también manifestantes, cierre de vía, gases lacrimógenos… Tú estarías muy preocupada por la gente que no puede trabajar, por las personas en situación de calle, por los primos que están en peligro cada vez que van a trabajar, por la gente que no tiene ya comida y, posiblemente, tampoco tiene dinero suficiente para comprar las cosas que, por la escasez, cada día cuestan más… Varias veces al día dirías, como un mantra: "Diosito mío, haz que lleguen a un acuerdo y que se solucione todo esto", ¿cierto? Y Diosito tal vez a ti te escucharía, porque yo le pido lo mismo y todo sigue igual. Si estuvieras aquí, mamita preciosa, al menos me podría acurrucar en tus brazos, y eso calmaría mi angustia. 

No es fácil intentar ser justa en medio de esta pesadilla (otra, que desde 2019 no ha habido descanso de tantas cosas que han pasado en el mundo, en el país y en la familia), pero te juro que intento: no quiero contagiarme de la epidemia de odio, quiero ser un poco como tú, actuar con la bondad con que tú lo harías, no sé si lo logro, a veces solo siento que ya no puedo más, que nada tiene sentido porque a la gente (a la mayoría) no le interesa más que pelear y sentir que gana (como si alguien pudiera ganar, como si se pudiese ganar algo en desgracias como la que estamos viviendo). ¿Cómo hacías tú, ma? Desde hace tiempo me pregunto cuántas cosas habrás pasado, cuántos dolores y miedos habrás vivido sin que nos demos cuenta: siempre nos sostuviste, siempre me hiciste sentir a salvo, siempre sentí que no te conflictuabas tanto como yo, y ahora pienso que quizá es porque no podías permitírtelo…

Estoy agotada, yo no sé lidiar con tantas emociones a la vez (ni con una sola, creo), siento que mi únicas herramientas frente a la vida son las palabras, mis principios y los valores que tú y mi papi sembraron en mí, pero creo que poco puedo hacer con esas herramientas en una realidad en la que el objetivo común parece ser destruir en lugar de construir… No sé, tal vez todo lo que siento ahora sea parte del duelo o huellas del efecto de la pandemia, pero de verdad me está costando transitar esto, hoy siento miedo, tristeza, angustia, pesimismo, impotencia, y creo que a mucha gente le pasa lo mismo, pero ni esa gente ni yo logramos comunicarlo o, si lo hacemos, a nadie le importa (y cuando digo nadie me refiero a quienes podrían detener este conflicto que tanto daño ya ha causado).

Qué ganas de que estés aquí, ma, qué ganas de acurrucarme entre tus brazos.

2022/06/22

Mi conclusión de hoy (ayer, si soy estricta)

Cuando decidimos apostar por un extremo o creemos que el único punto de vista válido es el nuestro, hay cosas que no nos gusta leer, escuchar, presenciar; sin embargo, los hechos igual se dan, así como las lecturas de los mismos, las experiencias en torno a ellos, las opiniones que generan y la libertad para expresar tales opiniones… Por tanto, lo más sensato es –me parece– dar un paso más allá de los límites del credo que practiquemos (sea este político o religioso), permitirnos ser críticos ante todo respecto a aquello (aquellos) que defendemos ciegamente, ejercitar la autocrítica y, una vez admitidos y enmendados los errores propios a nivel individual y colectivo, señalar con respeto los ajenos. Es que si nos aferramos a doctrinas, a caudillos, a teorías sociopolíticas setenteras o a mandatos religiosos, olvidamos que la vida no se limita a nuestros pequeños círculos, que las personas no son mejores o peores según coincidan o no con ideas preconcebidas o etiquetas. 

Para convivir haciendo que palabras como "prójimo", "compañero" o "hermano" tengan un significado práctico, creo que es hora de aceptar de una vez por todas que la realidad –abstrayendo su complejidad y sintetizándola al mínimo– es como una moneda, y cada moneda tiene dos caras, negarnos a ver una de ellas no hace que deje de existir. Por ahora, lamentablemente, la moneda está girando y ambas caras se muestran igual de nefastas (tengamos ganas de aceptarlo o no); pero, a pesar del caos y la división, todas las personas importan y lo que unos u otros justifiquen o señalen no hace menos importante lo que pasa en la vereda de enfrente.

2022/06/17

¿No van a parar hasta que corra sangre?

Se me revolvió el estómago luego de escuchar por un rato las loas de los "compañeros dirigentes" al nuevo admirado del Machi, aka Leonidas Iza. Alguno de ellos (perdón, no me aprendí sus nombres, y tan mal "pueblo" soy que no lo conocía o no lo recuerdo), luego de advertir que ya se vienen sus refuerzos para Quito, utilizó la infallable "lucha" de clases (en la guerra todo se vale, divide y vencerás, etc.). Que quienes no apoyamos la no-pacífica movilización es porque nada nos afecta económicamente… ¿Alguien (de entre sus fans, claro) se detiene a pensar antes de aplaudir discursos como ese? Qué carajos saben Iza y Cía. de la situación económica de quienes ya no les creemos nada hace rato y no por eso menospreciamos a la gente valiosa que hay a montones entre las diversas nacionalidades indígenas. De cuándo a acá hartarnos de la politiquería oficial y opositora nos vuelve menos "pueblo" que esos que cuando les preguntan si tienen sueldos como dirigentes dicen que no, pero cuando les preguntan de qué viven no saben qué responder (y vaya que viven bien). Cómo es que estar en contra de la violencia de unos y otros le da derecho a alguien a creerse moralmente "superior" porque ser pueblo ahora ha sido aplaudir los robos, el desperdicio de leche (que a tantos niños de las mismas comunidades les habría hecho mucho bien), la extorsión a quienes deben sacar por carretera sus productos, el intento de meter lanzagranadas y granadas como quien no quiere la cosa, el reventar llantas de camionetas que son herramientas de trabajo, el aterrorizar a empleados o dueños de negocios (grandes o pequeños) por "atreverse" a trabajar.


Mal estamos, todos, pero son males (pestes) esos que aceptan donaciones (?) de miles de dólares de quienes los pisotearon y quieren convencer a todos de que decirles sí a todo es la única forma de sacar este país adelante. Sí, ya se encargaron de dejar claro que esos a los que llaman "compañeros" –para fingir una horizontalidad que no es tal– son su carne de cañón, que si se necesita que alguien se sacrifique, ahí están: de camino a El Arbolito; también dejaron clarísimo en octubre 2019 que entre ellos, los "compañeros", se esconden otros no tan esperanzados en una mejor calidad de vida pero sí en cobrar parte de esas donaciones y, una vez el caos que generen haga lo suyo, tal vez mucho más. Claro que insisten en colgarse la careta cuando se dirigen a las masas, pero ya les vimos la cara y quizá muchos prefieran fingir demencia, pero ya no nos engañan a quienes no somos esclavos de ideologías caducas ni idolatramos a nefastos.

Qué triste ver lo fácil que nos tragamos esas píldoras llamadas consignas, discursos, himnos, frases hechas, fórmulas que ya ni de utopía sirven porque están podridas en su esencia. Qué desconcertante ver que todavía la gente que sigue hablando de izquierdas y derechas como maravillas o desastres (según el bando, claro) hace muy poco (nada) en lo práctico para darle coherencia al discurso que como eco se repite una y otra vez entre sus pares. Hay un montón de gente que conozco que defiende a capa y espada (casi literalmente) su ideología política, pero sigue viviendo en la comodidad de la orilla opuesta: sueldos muy por encima del salario básico, casas (propias, generalmente) en lugares de alta plusvalía, autos, colegios y universidades privadas (para sí mismos y, luego, para sus hijes), atención médica en clínicas o con especialistas en sus consultorios privados… y "conservadores" que aplican a rajatabla sus decálogos pero solo cuando se trata de los otros, no así la solidaridad porque a lo máximo que llegan es a la caridad publicitada…

Cómo vamos a salir de este hueco negro que nos está tragando si lo nutrimos con la incoherencia diaria, con la violencia que ejecutamos y la que justificamos cuando es conveniente a "la causa". Por qué creemos que esos mequetrefes que –para desgracia de todos– tienen poder (político, gremial o de cualquier tipo) nos van a "salvar" cuando ya nos han restregado en la cara, y hasta el cansancio, que solo les importa su ombligo y su bolsillo. Sé que hay mucha gente que "peca" de inocente, que realmente se aferra a cualquier cosa que le suena a esperanza, pero no entiendo cómo se embarra voluntariamente en el pestilente fango de los oportunistas tanta gente que se supone está informada (y diferencia lo que es información de manipulación o adoctrinamiento) y que tiene las herramientas para ejercer el pensamiento crítico. ¿Por qué quienes dicen querer "apoyar al pueblo" no lo hacen pero sí se regodean con la división, con la agresión, con la perversidad?

Seguramente la que no entiende nada soy yo, la que está mal soy yo y están igual de mal quienes están pensando, sintiendo y diciendo lo mismo. Seguramente soy "el enemigo" del un bando y del otro, pero si los unos se creen que con destrozar todo van a mejorar las condiciones de vida de alguien y otros creen que con fingir demencia y luego aplicar la fuerza bruta van a lograr un "mejor país", yo me creo que escribiendo voy a conseguir, por lo menos, desahogarme.