2021/06/13

Dos dos puntos, lo sé, pero es lo que pinta

"Tengo ganas de escribir", me dije, así que nada, agarré la compu y me vine directo al blog e hice clic en la pestaña "Crear nueva entrada". Bueno, para no darle más vueltas al asunto, resumiré la experiencia de manera tan real –que no retórica, palabra de palabrista– como descendente: cuatro inicios de párrafo, tres temas distintos, dos líneas mal logradas en cada caso, una conclusión muy clara: para escribir no alcanza con las ganas.

2021/06/07

Que quiera caminar un poquito o salir a pasear en el auto, que coma todo su almuerzo, que no se atore con el té de la noche, que sonría y que me abrace: eso es un buen día para mí, si a eso le puedo sumar que no me duela la cabeza, no pensar mucho y no tener ganas de llorar o discutir por cualquier cosa, ¡gran día!

2021/06/05

Me lío y me deslío

Ayer estaba muy sensible, con una tristeza de esas que no tienen motivo (bueno, en mi caso sí que hay un motivo, pero es algo permanente que trato de que tenga menos protagonismo que las cosas buenas), no me hallaba y lo único que pude hacer para tratar de equilibrar mis emociones fue echarme de panza en la terraza para leer un poco. Había sol y también viento, volaba mi pelo como las páginas de mi libro, así que en un intento por ver el caos de lo que fue un intento de peinado (intento nomás, no me llevo muy bien con esas artes embellecedoras), agarré mi celu, puse la cámara en modo selfie, y ya en ese punto "clic". Me quedé un buen rato mirando mi foto (me gusta más tomar fotos que aparecer en ellas), vi ojeras, vi un intento de sonreír, vi una especie de ira y de tristeza en los ojos (ya me habían dicho que tengo la mirada triste), vi que mi piel está triste también, vi que necesitaba ver todo eso y que si estaba peinada o no era lo de menos. ¿Qué hice entonces? Subí la foto a los tales estados de WhatsApp.

"Dichosa tú que puedes despeinarte y tomar el sol", me escribió una amiga a la que no veo desde hace muchísmo antes de que empiece la pandemia; le respondí cualquier cosa (en buen plan), pero me quedé con esa frase, con su interpretación de mi autofoto y su necesidad de comunicármela… Dichosa yo, sí, a veces, no tanto en los últimos meses y especialmente no ayer desde la madrugada hasta el final de la tarde; puedo despeinarme y tomar el sol, sí, todas podemos, todos, ¿por qué no hacerlo?, ¿qué le impide a mi amiga darse esos "lujos" y exponer que yo –sí– puedo? Quizá si le preguntase (no voy a hacerlo, creo que no tiene mucho sentido porque yo sola me engancho con cosas que para el resto carecen de importancia), me diría que no tiene tiempo, porque trabaja en línea, porque tiene un hijo universitario y otro de primaria, porque imagino que ella se encarga de la mayor parte del trabajo relacionado con su casa y su familia, porque creo que cuida de su papá, porque su esposo también le demanda atención…, mientras que yo soy la no-oveja del que solía ser nuestro grupo de amigas del colegio (éramos físicas, solo yo me desvié del camino de los números y terminé siendo literata), la freelance, la que ni siquiera sabe cómo usar un secador de pelo…

Y en este punto, luego de imaginar hacia dónde podrían dirigirse las respuestas a una también imaginaria pregunta, entiendo que lo que al principio interpreté como un posible prejuicio (imaginario, una vez más, porque yo me hice esa novela solita), me doy cuenta de que lo que en realidad me dejó con ganas de ahondar en un mensaje tan simple es todo el mambo que tengo yo en la cabeza y la cantidad de ideas y emociones opuestas que llevo dentro últimamente. Me hizo ruido que mi amiga de la adolescencia notara mi pelo alborotado pero no la expresión de mi cara, me dejó un sabor extraño que ese comentario viniera de la única con la que mantengo contacto frecuente (aunque sea solo virtualmente) de mis panas de secundaria, una de las más cariñosas, una de las que me sostuvieron con infinita delicadeza y respeto durante una crisis feroz, una de las que trató de evitar que yo me alejara. Creo que ayer, si ella me preguntaba qué me pasaba, seguramente le habría contado todo, porque ayer era uno de esos días extraños en los que necesito que nadie me diga nada y, a la par, que alguien me abrace muy fuerte o al menos me escuche hasta que se me acaben las palabras.

En fin, lo bueno de hacerme lío sola es que sola debo hallar la forma de desliarme, y en ese proceso dejo de pensar por un rato en eso que me impulsa a meterme en mi caparazón hasta recordar que si otros no se pueden dar el lujo de tomar el sol, yo no puedo darme el lujo de estar muy sensible y experimentar a mis anchas una de esas emociones "que no tienen motivo"… 

2021/05/23

Aunque en unos meses podamos ir y vayamos al lugar que habíamos planeado visitar en 2020, ese será el viaje que ya nunca haremos.

Circunloquio que quizá debería incinerar

Es de fuego el sol que derritió las alas del atrevido Ícaro, y son los libros alas que nos condenan a volar con la necedad de quien quiere escapar de un laberinto que no es sino un pasillo de otro que es un pasillo de otro que en otro laberinto está… ¿Es, entonces, Montag una versión futurista de Ícaro? No. Montag es solo un habitante del laberinto que creyó hallar la salida sin llegar siquiera a descubrirse a sí mismo; apenas empezó a andar, apenas logró acercarse a una grieta en el cubo que creía el mundo, apenas entendió que el mismo fuego que derrite alas sirve para iluminar el instante último de una ciudad que ya no logra existir más.

Mi más reciente lectura fue, por si aún queda alguna duda, la famosa novela de Ray Bradbury Fahrenheit 451. Y nada, me enganchó desde la primera línea, identifiqué en la ficción un espejo de la circunstancia general que nos atraviesa como sociedad distópica, me pareció poética la intención de rescatar de entre las cenizas a las páginas que pueden ser antídoto contra el embobamiento que nos agrupa en manadas fáciles de controlar y de destruir, me dejó un sabor agridulce con su final (es que me supo a una suerte de moraleja macerada en una conclusión demasiado abierta, demasiado amplia por la incursión de nuevos personajes cuya función parece apenas empezar cuando ya todo acaba), pero –este "pero" creo que es la causa del "y nada" que precede a la enumeración en curso– no me dejó citas a manera de huellas especialmente memorables para acompañar este capítulo de mi ejercicio "in-pandémico"* de registrar las sensaciones que me van produciendo los libros con los que intento descansar de la realidad. 

No obstante, quiero dejar claro que si bien no tengo la intención de memorizar esta historia, tampoco pretendo condenar al incinerador las 180 páginas que la conforman,  así que trataré de explicarme mejor: me gustó la novela, no me encantó (como sí ha pasado con otras obras sobre las que he escrito entusiasmada en este mismo espacio), quizá más por mi falta de méritos como lectora que por falta de méritos literarios del libro, quizá solo porque antes había leído fragmentos (el primer apartado y algún diálogo entre Clarisse y Montag) que me generaron una expectativa que no alcanzó a cumplirse por el cierre que considero se podía postergar.


*He aquí un claro ejemplo de mis conflictos actuales con las palabras (por cuánto me cuesta hallarlas, concatenarlas, transmitirlas, etc.): a esta suerte de neologismo le he puesto y quitado varias veces el guion, porque es bien conocida la regla de que antes de p va m, pero el prefijo que quiero usar es in-, me niego a transformarlo en im- porque le resta sentido… En fin, da igual, pues en esta discusión conmigo misma siempre llevo las de perder.